Cinco Siglos de Prohibición del Arco Iris en el Cielo Americano


Por Eduardo Galeano

La historia cambia según la voz que la cuenta. En América, en Europa o en
cualquier otra parte. Lo que para los romanos fue la invasión de los bárbaros,
para los alemanes fue la emigración al sur. No es la voz de los indios la que ha
contado, hasta ahora, la historia de América. En las vísperas de la conquista
española, un profeta maya, que fue boca de los dioses, había anunciado: Al
terminar la codicia, se desatará la cara, se desatarán las manos, se desatarán
los pies del mundo. Y cuando se desate la boca, ¿qué dirá? ¿Qué dirá la otra
voz, la jamás escuchada?
Desde el punto de vista de los vencedores, que hasta ahora ha sido el punto de
vista único, las costumbres de los indios han confirmado siempre su posesión
demoníaca o su inferioridad biológica. Así fue desde los primeros tiempos de la
vida colonial: ¿Se suicidan los indios de las islas del mar Caribe, por negarse
al trabajo esclavo? Porque son holgazanes. ¿Andan desnudos, como si todo el
cuerpo fuera cara? Porque los salvajes no tienen vergüenza. ¿Ignoran el derecho
de propiedad, y comparten todo, y carecen de afán de riqueza? Porque son más
parientes del mono que del hombre. ¿Se bañan con sospechosa frecuencia? Porque
se parecen a los herejes de la secta de Mahoma, que bien arden en los fuegos de
la Inquisición. ¿Jamás golpean a los niños, y los dejan andar libres? Porque son
incapaces de castigo ni doctrina. ¿Creen en los sueños, y obedecen a sus voces?
Por influencia de Satán o por pura estupidez. ¿Comen cuando tienen hambre, y no
cuando es hora de comer? Porque son incapaces de dominar sus instintos. ¿Aman
cuando sienten deseo? Porque el demonio los induce a repetir el pecado original.
¿Es libre la homosexualidad? ¿La virginidad no tiene importancia alguna? Porque
viven en la antesala del infierno.

En 1523, el cacique Nicaragua preguntó a los conquistadores:
-Y al rey de ustedes, ¿quién lo eligió?
El cacique había sido elegido por los ancianos de las comunidades. ¿Había sido
el rey de Castilla elegido por los ancianos de sus comunidades?
La América precolombina era vasta y diversa, y contenía modos de democracia que
Europa no supo ver, y que el mundo ignora todavía. Reducir la realidad indígena
americana al despotismo de los emperadores incas, o a las prácticas sanguinarias
de la dinastía azteca, equivale a reducir la realidad de la Europa renacentista
a la tiranía de sus monarcas o a las siniestras ceremonias de la Inquisición. En
la tradición guaraní, por ejemplo, los caciques se eligen en asambleas de
hombres y mujeres -y las asambleas los destituyen si no cumplen el mandato
colectivo. En la tradición iroquesa, hombres y mujeres gobiernan en pie de
igualdad. Los jefes son hombres; pero son las mujeres quienes los ponen y
deponen y ellas tienen poder de decisión, desde el Consejo de Matronas, sobre
muchos asuntos fundamentales de la confederación entera. Allá por el año 1600,
cuando los hombres iroqueses se lanzaron a guerrear por su cuenta, las mujeres
hicieron huelga de amores. Y al poco tiempo los hombres, obligados a dormir
solos, se sometieron al gobierno compartido.
En 1919, el jefe militar de Panamá en las islas de San Blas, anunció su triunfo:

-Las indias kunas ya no vestirán molas, sino vestidos civilizados.
Y anunció que las indias nunca se pintarían la nariz sino las mejillas, como
debe ser, y que nunca más llevarían aros en la nariz, sino en las orejas. Como
debe ser. Setenta años después de aquel canto de gallo, las indias kunas de
nuestros días siguen luciendo sus aros de oro en la nariz pintada, y siguen
vistiendo sus molas, hechas de muchas telas de colores que se cruzan con siempre
asombrosa capacidad de imaginación y de belleza: visten sus molas en la vida y
con ella se hunden en la tierra, cuando llega la muerte.
En 1989, en vísperas de la invasión norteamericana, el general Manuel Noriega
aseguró que Panamá era un país respetuosos de los derechos humanos:
-No somos una tribu -aseguró el general.
Las técnicas arcaicas, en manos de las comunidades, habían hecho fértiles los
desiertos en la cordillera de los Andes. Las tecnologías modernas, en manos del
latifundio privado de exportación, están convirtiendo en desiertos las tierras
fértiles en los Andes y en todas partes. Resultaría absurdo retroceder cinco
siglos en las técnicas de producción; pero no menos absurdo es ignorar las
catástrofes de un sistema que exprime a los hombre y arrasa los bosques y viola
la tierra y envenena los ríos para arrancar la mayor ganancia en el plazo menor.

¿No es absurdo sacrificar a la naturaleza y a la gente en los altares del
mercado internacional? En ese absurdo vivimos; y lo aceptamos como si fuera
nuestro único destino posible. Las llamadas culturas primitivas resultan todavía
peligrosas porque no han perdido el sentido común. Sentido común es también, por
extensión natural, sentido comunitarios. Si pertenece a todos el aire, ¿por qué
ha de tener dueño la tierra? Si desde la tierra venimos, y hacia la tierra
vamos, ¿acaso no nos mata cualquier crimen que contra la tierra se comete? La
tierra es cuna y sepultura, madre y compañera. Se le ofrece el primer trago y el
primer bocado; se le da descanso, se la protege de la erosión.
El sistema desprecia lo que ignora, porque ignora lo que teme conocer. El
racismo es también una máscara del miedo. ¿Qué sabemos de las culturas
indígenas? Lo que nos han contado las películas del Fas West. Y de las culturas
africanas, ¿qué sabemos? Lo que nos ha contado el profesor Tarzán, que nunca
estuvo allí.

Dice un poeta del interior de Bahía: Primero me robaron del África. Después
robaron el África de mi. La memoria de América ha sido mutilada por el racismo.
Seguimos actuando como si fuéramos hijos de Europa, y de nadie más.

A fines del siglo pasado, un médico inglés, John Down, identificó el síndrome
que hoy lleva su nombre. Él creyó que la alteración de los cromosomas implicaba
un regreso a las razas inferiores, que generaba mongolian idiots, negroid idiots
y aztec idiots. Simultáneamente, un médico italiano, Cesare Lombrosos, atribuyó
al criminal nato los rasgos físicos de los negros y de los indios. Por entonces,
cobró base científica la sospecha de que los indios y los negros son proclives,
por naturaleza, al crimen y a la debilidad mental.
Los indios y los negros, tradicionales instrumentos de trabajo, vienen siendo
también desde entonces, objetos de ciencia. En la misma época de Lombroso y
Down, un médico brasileño, Raimundo Nina Rodrigues, se puso a estudiar el
problema negro. Nina Rodrigues, que era mulato, llegó a la conclusión de que la
mezcla de sangres perpetúa los caracteres de las razas inferiores, y que por
tanto la raza negra en el Brasil ha de constituir siempre uno de los factores de
nuestra inferioridad como pueblo. Este médico psiquiatra fue el primer
investigador de la cultura brasileña de origen africano. La estudió como caso
clínico: las religiones negras, como patología; los trances, como
manifestaciones de histeria.
Poco después, un médico argentino, el socialista José Ingenieros, escribió que
los negros, oprobiosa escoria de la raza humana, están más próximos de los monos
antropoides que de los blancos civilizados. Y para demostrar su irremediable
inferioridad, Ingenieros comprobaba: Los negros no tienen ideas religiosas. En
realidad, las ideas religiosas habían atravesado la mar, junto a los esclavos,
en los navíos negreros. Una prueba de obstinación de la dignidad humana: a las
costas americanas solamente llegaron los dioses del amor y de la guerra. En
cambio, los dioses de la fecundidad, que hubieran multiplicado las cosechas y
los esclavos del amo, se cayeron al agua.
Los dioses peleones y enamorados que completaron la travesía, tuvieron que
disfrazarse de santos blancos, para sobrevivir y ayudar a sobrevivir a los
millones de hombres y mujeres violentamente arrancados del África y vendidos
como cosas. Ogum, dios del hierro, se hizo pasar por san Jorge o san Antonio o
san Miguel, Shangó, con todos sus truenos y sus fuegos, se convirtió en santa
Bárbara. Obatalá fue Jesucristo y Oshún, la divinidad de las aguas dulces, fue
la Virgen de la Candelaria…
Dioses prohibidos. En las colonias españolas y portuguesas y en todas las demás:
en las islas inglesas del Caribe, después de la abolición de la esclavitud se
siguió prohibiendo tocar tambores o sonar vientos al modo africano, y se siguió
penando con cárcel la simple tenencia de una imagen de cualquier dios africano.
Dioses prohibidos, porque peligrosamente exaltan las pasiones humanas, y en
ellas encarnan.
Friedrich Nietzsche dijo una vez:
-Yo sólo podría creer en un dios que sepa danzar. Como José Ingenieros,
Nietzsche no conocía a los dioses africanos. Si los hubiera conocido, quizá
hubiera creído en ellos. Y quizá hubiera cambiado algunas de sus ideas. José
Ingenieros, quién sabe.

La piel oscura delata incorregibles defectos de fábrica. Así, la tremenda
desigualdad social, que es también racial, encuentra su coartada en las taras
hereditarias.
Lo había observado Humboldt hace doscientos años, y en toda América sigue siendo
así: la pirámide de las clases sociales es oscura en la base y clara en la
cúspide. En el Brasil, por ejemplo, la democracia racial consiste en que los más
blancos están arriba y los más negros abajo.
James Baldwin, escribe sobre los negros en Estados Unidos:
-Cuando dejamos Mississipi y vinimos al Norte, no encontramos la libertad.
Encontramos los peores lugares en el mercado de trabajo; y en ellos estamos
todavía.

Un indio del Norte argentino, Asunción Ontíveros Yulquila, evoca hoy el trauma
que marcó su infancia:
-Las personas buenas y lindas eran las que se parecían a Jesús y a la Virgen.
Pero mi padre y mi madre no se parecían para nada a las imágenes de Jesús y la
Virgen María que yo veía en la iglesia de Abra Pampa. La cara propia es un error
de la naturaleza. La cultura propia, una prueba de ignorancia o una culpa que
expiar. Civilizar es corregir.

El fatalismo biológico, estigma de las razas inferiores congénitamente
condenadas a la indolencia y a la violencia y a la miseria, no sólo nos impide
ver las causas reales de nuestra desventura histórica. Además, el racismo nos
impide conocer, o reconocer, ciertos valores fundamentales que las culturas
despreciadas han podido milagrosamente perpetuar y que en ellas encarnan
todavía, mal que bien, a pesar de los siglos de persecución, humillación y
degradación. Esos valores fundamentales no son objetos de museo. Son factores de
historia, imprescindibles para nuestra imprescindible invención de una América
sin mandones ni mandados. Esos valores acusan al sistema que los niega.
Hace algún tiempo, el sacerdote español Ignacio Ellacuría me dijo que le
resultaba absurdo eso del Descubrimiento de América. El opresor es incapaz de
descubrir, me dijo: -Es el oprimido el que descubre al opresor. Él creía que el
opresor ni siquiera puede descubrirse a sí mismo. La verdadera realidad del
opresor sólo se puede ver desde el oprimido. Ignacio Ellacuría fue acribillado a
balazos, por creer en esa imperdonable capacidad de revelación y por compartir
los riesgos de la fe en su poder de profecía. ¿Lo asesinaron los militares de El
Salvador, o lo asesinó un sistema que no puede tolerar la mirada que lo delata?

* Escrito en 1992. Recopilación.

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~ por candombleargentina en 2 noviembre 2008.

Una respuesta to “Cinco Siglos de Prohibición del Arco Iris en el Cielo Americano”

  1. Ironías de la ciencia y la estupidez humana! Fíjense que estoy suscripta a un boletín nórdico (por curiosidad como con Ustedes)y allí exponen un artículo, muy bien explicado y demostrado con fotografías, que, en realidad los ojos azules son producto de una falla genética:la ausencia de un gen…Lo mismo sucede con los cabellos rubios hasta su límite (albinismo). Se supone así,por esa razón, que el gen de los colores oscuros en piel, ojos y cabello, es el dominante…Más los últimos hallazgos arqueológicos en Africa! No hay mucho más que hablar, no comparto la globalización sino la diversidad de culturas, de colores de ojos y piel y el reivindicar cada uno sus raíces en voluntad de respetar y convivir y saber de la del otro…
    Marcela (típica morocha argentina:mezcla de tano,español,algún indio de la pampa húmeda y una abuela cubana hija de asturianos)

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